jueves, 3 de marzo de 2022

Marxistas con el corazón destrozado porque el capitalismo convierte el arte y la ciencia en mercancía. Oh, my gosh!

Las razones de ser del arte y la ciencia no obedecen a la lógica del mercado, ni a ningún sistema económico. A ninguno. Aunque el arte, por su naturaleza, es utilizado con fines mediáticos por la izquierda y la derecha.

    Es cierto que en gran parte el capitalismo ha convertido al arte en mercancía (a la ciencia no creo, utilizan la palabra sin saber que significa, a la tecnología sí, esa sí es utilizada por el capitalismo para convertirla en mercancía), pero también es cierto que el arte goza de mayor libertad en el capitalismo que en el comunismo (no estoy defendiendo el capitalismo, pero es una realidad).

    El arte y la ciencia requieren de libertad e independencia y esas condiciones no se dan en el comunismo, basta mencionar el caso de Cuba, que para ejercer la escritura, la música o cualquier arte tienes que tener una licencia y estar afiliado a una institución de arte, porque por ley está prohibido ser artista independiente (hazme el chingado favor), y aún así, si estás afiliado y cuentas con licencia no puedes, por ejemplo, crear arte en el que la temática cuestione al gobierno o instituciones cubanas o a Fidel, porque eso es ilícito: ¡vaya paraíso!

    Es cierto, el capitalismo puede convertir al arte en mercancía, pero el arte, el verdadero arte, independientemente de si se comercializa o no, tendrá rasgos que lo identifiquen de lo que no lo es. Internet, producto del capitalismo, ofrece también la oportunidad de acercarnos a las grandes obras de arte y a investigaciones científicas: acceder a literatura, música, cine, líneas de investigación, divulgación científica, educación en línea gratuita; la situación ya no es como en los años noventa o más atrás; ahora, en gran parte de los casos, la ignorancia es opcional.

    En el comunismo no se han dado las mejores condiciones para ser artista o científico. Los gobernantes de estos países (en su mayoría dictadores) quieren que bailes, pero que bailes a su ritmo, que no se te vaya a ocurrir otro paso y mucho menos que los cuestiones.

    A los simpatizantes del marxismo les destroza el corazón que el capitalismo convierta el arte y la ciencia en mercancía, pero no les conmueve en lo más mínimo que un ser humano vaya al paredón por el simple hecho de pensar diferente.