El
público intelectualoide es igual que cualquier otro público, erigen sus vacas
sagradas y las vuelven intocables. Es seguro que muchos de los que se lamentaron
sólo conocen una que otra canción de Chavela Vargas y ahora que la señora falleció
resulta que todos fueron sus admiradores de hueso colorado, se embriagaron con
sus canciones y sufren profundamente la partida de la cantante. Nuestro público
intelectualoide es igual que el público de Televisa: borregos. Los dos públicos
tienen la misma tendencia a seguir fielmente las propuestas establecidas.
Mientras el público de Televisa cree religiosamente en las historias de la Rosa
de Guadalupe, el público intelectualoide es incapaz de hacer la más mínima
crítica a sus vacas sagradas para evitar mancillar su nombre.
La
figura de Chavela Vargas es importante dentro de la música mexicana, pero no es
la desproporcionada artista que su súbito público quiere ver. Vargas tenía un
estilo peculiar y eso es lo que la identifica, a pesar de que su voz era pobre
(a algunos les gusta, a otros no, eso a ella no le importaba). De pronto
pareciera que México sólo contara con Chavela Vargas y ella fuera la más grande
representante de la música mexicana y no es así. Por mucho la superan (en
cuanto a la calidad de voz) Amalia Mendoza “la Tariácuri”, Lucha Reyes, María
de Lourdes, Lola Beltrán o Chayito Valdez.
La
popularidad de Chavela Vargas se dio a finales de los años cincuenta,
apadrinada por su compañero de parrandas, José Alfredo Jiménez. Por esos años
actuó en el Champagne
Room del
restaurante La Perla, en Acapulco, es también por esas fechas
que se presenta con cierta regularidad en el programa Noches Tapatías del Canal
2. Con “Macorina” (canción que en un principio fue prohibida en
México) se ganó al público cubano, país donde también probó suerte.
Grabó
su primer álbum Noche Bohemia en 1961
y luego de varios años de trabajo se retira a mediados de los setenta. Se
mantiene aislada por tres lustros debido a problemas con el alcohol, hasta que
Carlos Monsiváis y Jesusa Rodríguez la rescataron del ostracismo en que se
encontraba. En 1991 Jesusa Rodríguez invita a Chavela Vargas a presentarse en
El Hábito, en Coyoacán, teatro bar perteneciente a Jesusa y a Liliana Felipe.
Luego,
Joaquín Sabina aprovecha la oportunidad y le rinde homenaje con una canción,
“Por el bulevar de los sueños rotos”, canción que se desprende del álbum Esta boca es mía publicado en 1994.
Parte de su fama también se la debe
a su aparición en varias cintas, en 1991 participó en la película Grito de Piedra, del alemán Werner
Herzog, en la que interpreta a una nativa. Participa también en la película Tacones lejanos de Pedro Almodóvar, en
la que se incluyen algunas de sus canciones.
No
son sus méritos artísticos o sus cualidades como cantante los factores que la
consagran, sino su relación con ciertos personajes como Pablo Neruda, Diego
Rivera, Pablo Picasso o Facundo Cabral, la homosexualidad (allí está su
relación de leyenda con Frida Kahlo) y la vida bohemia.
Es
también su corrección política la que le ayuda a posicionarse nuevamente ante
el público, en especial su corrección política identificada con el sector
homosexual.
Es
muy seguro que si el rescate de Chavela Vargas hubiera corrido por cuenta de
Televisa y la difunta hubiera apoyado al PRI o al PAN, que para el caso (y para
todos los casos) es lo mismo, el público conformado por nuestra intelectualidad
progre y clasemediera la detestaría y no faltarían críticos que la deshicieran
por sus limitaciones como cantante, lo que hoy se considera una virtud pasaría
a ser un defecto.
Los
padrinazgos o las demostraciones de simpatía por cierta ideología política por
parte de los artistas determinan la aceptación de cierto público, imagine esto:
si Roberto Gómez Bolaños demostrara públicamente su apoyo al movimiento progresista,
las críticas que recibe por su trabajo
no serían las mismas, quizás existiría la crítica, pero en menores dosis o más
ligeras. Si fuera así, no sería difícil imaginar que en las marchas antipeñistas
se presentaran personas disfrazadas del Chapulín Colorado gritando enardecidos
consignas contra la imposición, aplastando copetes imaginarios con su chipote
chillón por todo Reforma, o la presencia de jóvenes disfrazados del Chavo del
ocho cargando con todo y el barril culpando a Felipe Calderón por la casa en la
que vive el personaje. Y si muriera Gómez Bolaños los intelectualoides de
izquierda lamentarían la pérdida de un hombre bueno que siempre luchó por su
país (eso no ocurrirá, el actor es panista).
En
México, el borreguismo se da también en los círculos intelectuales, quizás por
el miedo a verse como tonto por opinar diferente a lo que los demás
intelectuales consideran culto. Sólo hace falta que alguna autoridad del mundo
cultural muestre su gusto o simpatía por alguna obra o artista para que los
intelectuales también comiencen a verle el lado bueno.
No
es difícil predecir que vengan los homenajes póstumos a la cantante, no faltarán
los oportunistas que empiecen a rendir tributos, suponga los siguientes casos:
"Las roqueras mexicanas también son Chavela Vargas" (en el álbum participarán
las insípidas voces de Ximena Sariñana o Carla Morrison, Amandititita
colaborará con una anarcumbia y quizás Kenny Avilés cante Macorina), en los
videos promocionales se verá en MTV Latino o en Telehit a Julieta Venegas
enredada en un gabán rojo cantando Paloma Negra, y quizás en una de esas
Joaquín Sabina también le entre al quite y tenga su participación en el álbum
(como lo hizo en el disco en el que varios grupos de rock mexicanos le
rindieron tributo a José Alfredo Jiménez). Quizás los gruperos hagan lo suyo: "15
éxitos de Chavela Vargas en la voz de Jenni Rivera acompañada de las mejores bandas
de México", cualquier cosa se puede esperar.
Para el día que esto se redacta, 22
de agosto de 2012, en las redes sociales ya nadie se acuerda de Chavela Vargas,
al menos entre los contactos de quien esto escribe ya nadie ha vuelto a
publicar fotos o algún video de la cantante, como decía mi abuela, fue pura
llamarada de petate. Chavela Vargas murió el 5 de agosto de 2012, bastaron diecisiete
días para que se les olvidara el profundo dolor en el que estaban sumergidos
todos sus efímeros seguidores. Así son las modas: pasajeras.
No
dudo que cuando muera Elena Poniatowska surjan en las redes sociales los miles
de lectores voraces que México no tiene y lamenten con una pésima ortografía la
muerte de la autora de la Noche de Tlatelolco.

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