La
repercusión de las tecnologías de la información y comunicación es innegable en
el ejercicio periodístico; en la forma de hacerlo, recibirlo y procesarlo.
Podríamos decir que la internet integra
todos los medios: radio, televisión, prensa. Nuevas formas y medios para
informar han aparecido en los últimos años en la red: Blogger, WordPress,
Twitter, Facebook, YouTube; sólo por mencionar los más conocidos. La noticia a
nivel mundial, nacional o local que antes tardaba días o hasta años en
llegarnos, ya fuera por la manipulación de los medios o porque simplemente no
era importante como para darla a conocer, ahora está al alcance -a veces hasta
en cuestión de segundos- de quienes tienen acceso a las tecnologías de la
información y comunicación: el hallazgo de la galaxia más vieja jamás conocida,
la narcomanta que apareció en el puente peatonal de la ciudad, el político que
fue sorprendido en un acto de corrupción, las extravagancias de algún cantante,
los estudiantes desaparecidos y hasta la mascota haciendo gracias frente a la
cámara de algún teléfono celular forman parte de las montañas de terabytes de noticias
que consumen los navegantes de la internet a diario.
El ejercicio periodístico
al alcance de todos
En 2003, cuando
aún no llegaba la explosión de las redes sociales, Bill Kovach y Tom Rosenstiel
afirmaron que “las nuevas tecnologías permiten a cualquiera que tenga un módem
y un ordenador declarar que «hace
periodismo»”1. El
periodista es un productor de pensamiento y en ese sentido los espacios
alternativos, como los blogs y las redes sociales son un espacio excelente para
dar rienda suelta al ejercicio periodístico, la internet se convierte en una
poderosa y útil herramienta que contribuye a la democracia a través del libre
flujo de la información, dando poder a los ciudadanos (siempre y cuando las
leyes informáticas del país en el que vivan lo permitan) de ejercer la libertad
de expresión.
Pero el acceso a estos espacios y la
libertad que se tiene también representan un arma de doble filo. La facilidad
que da la red para subir información ha generado un sobrecargo de noticias que
no permiten diluir la información, de noticias que muchas veces carecen de
rigor periodístico, de noticias falsas que son tomadas como ciertas, de
noticias irrelevantes que desplazan a noticias relevantes; es el riesgo que se
corre al dar acceso a todo el mundo a subir contenido a la internet.
Un malentendido en la red
de lo que es el periodismo
La
sociedad actual se caracteriza por la irrupción de las nuevas tecnologías de la
información y comunicación y estas tecnologías cambian rápidamente a las
sociedades del planeta. La población es muy sensible a los procesos de
alineación cultural y en este sentido las tecnologías de la información y
comunicación juegan un papel determinante, tanto para quién consume la
información como para quien la produce.
Si bien los blogs y las redes sociales
representan un espacio y una oportunidad para ejercer el periodismo (casi) sin
restricciones una desventaja es malentender o confundir el periodismo con el
panfleto, practicado como arma ideológica que interpreta y acomoda la realidad
a los intereses de algún grupo político o la ideología de quien cree que lo
practica: propaganda y elogios para con quien se simpatiza y golpes bajos y
zancadillas para quien se considera detractor o enemigo.
El fruto de ese periodismo es la
banalización de los problemas, el empobrecimiento de los debates, la
deformación u ocultación de los hechos y la sobrevaloración de acontecimientos
superfluos; nada nuevo que no ocurra en el periodismo tradicional, pero vale la
pena señalar que siguen presentes los mismos vicios y deformaciones en la
profesión periodística ejercida en la internet.
Pero no todo es un mal ejercicio
periodístico, también hay buen periodismo en la internet; ese que extrae
información de la realidad y la selecciona con criterios claros de interés
general y público: información que la da sentido a la realidad de todo
ciudadano, información que necesitan para ser libres y capaces de gobernarse a
sí mismos.
Ventajas del periodismo
ejercido en la internet
Si
bien mencionar ventajas como la rapidez con la que viaja la información a
través de la internet, capturar un video o una foto y subirla a las redes
sociales o algún portal de noticias en cuestión de segundos pueda sonar quizás
trillado para algunos, vale la pena mencionar tres factores importantes que
identifican y caracterizan al periodismo que se produce en la internet y que le
dan ventaja sobre el periodismo tradicional:
1.
Cada mensaje tiene la posibilidad de generar hipervínculos; crear nuevas
relaciones y generar una comunicación casi infinita en la red.
2.
Los espacios como los blogs o las redes sociales son antiautoritarios e impiden
la monopolización de la información.
3.
El periodismo ejercido en la red provoca una actividad enlazante, es decir, una
comunicación entre navegantes y en muchas ocasiones con quien produce la
información; esto crea comunidades y redes de opinión e influencia: la
globalización de la información.
Al
final, las tecnologías de información y comunicación no nos hacen ni más ni
menos cultos, ni mejores ni peores y dejan intacto el sentido del periodismo en
el que lo fundamental es el mensaje y el mensaje no es el medio, y el
periodismo, el buen periodismo, el que se ejerce en la internet y el que se
ejerce de manera tradicional debe tener señas de identidad que lo caractericen
y lo diferencien de lo que no debe ser considerado como periodismo profesional.
Referencias
1. KOVACH, Bill y ROSENSTIEL, Tom
2003: Los elementos del
periodismo. Madrid, Aguilar S.A. de Ediciones-Grupo
1. Insultan
al pueblo por el que dicen luchar. “Imbéciles, ignorantes, pendejos y borregos”
son los insultos más comunes que leo en las redes sociales de parte de una gran
cantidad de gente de izquierda hacia el pueblo.
2. El
ateísmo en la izquierda y la adoración de caudillos. No tengo absolutamente
nada en contra del ateísmo, tampoco en contra de los creyentes en algún dios, pero
me llama la atención la superioridad
intelectual que creen tener una gran
cantidad de personas que se dicen de izquierda sólo por el hecho de ser ateos. Son
ateos que se la viven con el “Yisus” en la boca, para nada me opongo a la
crítica a la religión o al ateísmo, pero lo que hacen no es crítica, son burlas
choteadísimas, y está bien, tienen derecho a burlarse de lo que quieran, incluso
estoy a favor de quitarle la solemnidad a todo (extrañamente jamás se burlan del islam o de los musulmanes, sólo del cristianismo, casi exclusivamente del catolicismo, al menos no me ha tocado ver un simple chascarrillo sobre el islam), lo que me parece totalmente
incongruente es que si alguien se atreve a hacer una simple broma sobre Fidel
Castro o Hugo Chávez se ponen como energúmenos y casi exigen que te retractes y
estoy casi seguro que si pudieran hacer que te retractaras lo harían. No toda la
izquierda es así, por supuesto, pero abundan estos casos.
Ni ser ateo hace más inteligentes a las personas, ni ser creyente las
hace más buenas.
3.
Intolerancia y fanatismo. Siempre estaré a favor de la libertad de expresión,
considero vital la crítica, pero tal parece que un alto porcentaje de la izquierda
mexicana no acepta ningún tipo de crítica a su ideología, gobiernos o líderes
políticos con los que simpatizan. Me consta que hay gente de izquierda que
creen que no se debe hacer la menor crítica, por ejemplo, al Che a Fidel
Castro o a Hugo Chávez o al gobierno de Corea del Norte o a Cuba, no ven en
estas personas o gobiernos absolutamente nada, pero nada criticable: síntomas
de fanatismo.
Escuché Deeper Blue por primera vez en 2002, más o menos, pero no sabía de quién era la música, la pieza venía suelta junto con otras cien en formato mp3 en un CD que me habían prestado y no traía información. Les pregunté a melómanos de hueso colorado y nadie sabía de quién se trataba, todos me decían que les sonaba a Miles Davis, pero no estaban seguros, a mí también me sonaba a Miles. Tardé once años para descubrirlo. El año pasado subí la pieza a mi canal de YouTube solicitando ayuda y fue finalmente YouTube el que me dio la respuesta en el apartado que me sugiere comprar la música. Se trata de Deeper Blue del álbum B.L.U.E. Nights de la banda Bruford Levin Upper Extremities. Desde la primera vez que la escuché me encantó la atmósfera que crea la música, no pude evitar relacionarla con la noche, desde las primeras notas la trompeta evoca la parte más profunda de la madrugada. Por ese tiempo había leído el libro de cuentos ‘Los límites de la noche’ de Eduardo Antonio Parra y de inmediato convertí esta pieza en soundtrack del libro.
"Ya desde que estaba en Estonia, Arvo estaba sintiendo lo mismo que el resto de nosotros. [...] Amo su música y amo el hecho de que sea un hombre tan talentoso y valiente. [...] Está completamente fuera de la corriente dominante y sin embargo es enormemente popular, lo cual es muy inspirador. Su música llena una profunda necesidad humana que no tiene nada que ver con la moda" Steve Reich
Ahí va Charlot, decían a su paso por
las calles de París.
Y él, sin escuchar
esas voces entre el reconocimiento y la burla, simplemente sonreía.
Y seguía su paso.
Amaba caminar y
sonreír.
Tenía una sonrisa
luminosa.
Y un andar entre
cómico y solemne. Como siguiendo un modelo aprendido, en unequilibrio salido
de sus dos figuras paternas: extravagante era su tío, como convencional su
padre.
Aunque al caminar
lo confundían con Charles Chaplin.
Comenzaba el siglo XX.
Siempre que
caminaba recordaba su infancia: el rumor de las olas en Normandía, la playa de
Honfleur, donde nació en 1866, y el cambio radical en su existencia: tenía doce
años cuando encontraron ahogada a su abuela en esa playa.
Misterio. Ningún
rastro de violencia, inclusive a él le pareció ver una sonrisa en el rostro de
la abuela.
Su madre había
muerto cuando tenía cuatro años y recién se instalaba la familia en París. El
retorno a su Honfleur natal terminó esa mañana cuando encontraron a su abuela ahogada.
Y regresaron a Ciudad Luz.
Una docena de años
después entró a la historia luego de escribir sus Gimnopedias, tres piezas breves de insondable misterio, particular
encanto y un ascetismo que desmadeja.
Lento y suave,
lento y triste, lento y doloroso. Tres piezas, tres títulos.
¿Puede una música
sencilla expresar a cabalidad la soledad?
He ahí la música de
Erik Satie.
Vaya concepto: la
soledad.
En la cultura
occidental los conceptossuelen
ser pobres en el imaginario popular y en los actos de las personas.
La simple palabra
soledad produce miedo. Soledad entre multitudes.
Saint-John Perse:
Esos rostros entre la multitud / hojas de una húmeda, oscura rama.
Cuando se habla de
Erik Satie suele decirse que era un hombre extravagante, solitario, pobre. Que
murió sin amigos, solo como un perro.
Cierto, fue pobre.
Pero la suya era una soledad de soledades.
Quienes estuvieron
con él, junto a la cama del hospital parisino donde falleció en 1925, es decir,
sus amigos, derriban por tierra la leyenda: fue un guerrero todo el tiempo,
hasta el último momento. No dejó de sonreír.
Lento y suave,
lento y triste, lento y doloroso
Las Gimnopedias enamoran. Propician romances
verdaderos. Son lo contrario de la soledad. O, mejor: expresan la virtud de
quien desarrolla la capacidad de estar consigo mismo. De amarse, y por ende
amar a los demás.
Esa magia que
tienen las Gimnopedias llevó a su
amigo Claude Debussy (¿quién dice que Satie no tenía amigos?) a orquestar dos de
ellas, a Jean Cocteau a recomendarlo entre los compositores que gobernaban la
vida musical del París de principios del siglo XX (Stravinsky, quien
respetaba y admiraba a Satie; Ravel, quien aprendió hu mildemente del maestro
Erik; y los jóvenes Poulenc, Milhaud, et al.), y llevó a Picasso a colaborar en
montajes de música y escena, a Francis Picabia a hacer lo propio, al igual que
a René Chair, Tristan Tzara…
Tantos amigos de un
hombre solitario.
¿Cómo puede un
hombre tan solo reír tanto?
Aquí lo tenemos, al
final de una desus
alegres caminatas solitarias por las calles de París,en su humilde cuarto en
los suburbios, que era al mismo tiempo recámara, sala, comedor. Y el cuarto
entero: su estudio.
Escribe una música
desnuda. Y la viste con enorme contenido. Y claro, no hay que creérsela tanto,
no hay que ser vanidoso. Humildad, señores, riamos a placer:
Y entonces el
maestro Erik Satie empieza con sus bromas, chascarrillos, ocurrencias,
genialidades que quedaron plasmadas para siempre en sus partituras:
Las convencionales
indicaciones en italiano: allegro con
spirito, andante con fuoco, allegro molto, etcétera, Satie las convierte en
auténticas delicias:
“Toque con la mano
izquierda estas notas, con la derecha las siguientes, y las que restan… ¡con la
nariz!”.
Más instrucciones:
“Abra la cabeza”.
“Sin orgullo”.
“Recorrer las
teclas con dedos amablesy
sonrientes”
“Conservar la
cabeza fría”.
“Ármese de
clarividencia”.
“Toque estas notas
con el último rincónde su
pensamiento”.
Surge una duda
metafísica:
¿El humor en Satie
era refugio o subterfugio?
Era un camino
interior.
Como en la mayoría
de los compositores, pueden distinguirse periodos estilísticos diversos en la
historia creativa de Satie. Sus piezas humorísticas más evidentes datan del
periodo comprendido entre 1912 y 1915.
Pero no era un humor limitado a las
parodias de las indicaciones canónicas, o a los títulos, que oscilan de la
algarabía al nonsense. No, es una de
las músicas más deliciosas que uno puede escuchar cualquier cantidad de veces y
aunque uno sabe lo que va a suceder enseguida, no puede contener la carcajada.
Por
ejemplo en las tres piezas tituladas Embrionesdisecados, forma un triángulo
escaleno entre la tríada y en la primera y la última pieza se divierte a placer
manipulando otro de los conceptos canónicos: la coda final, la apostilla, el
remate, las notas finales que tanto furor causan entre el público que irrumpe en
bravos, hurras, aplausos porque el final a tambor batiente los enardece.
Pero Satie,
travieso, en lugar de poner una rúbrica y terminar la obra, escribe una
terminación, hace una pausa y escribe una segunda, pausa, un nuevo compás que
finaliza, pero no termina: va otro final falso y otro y otro. Carcajadas.
En los otros
periodos estilísticos de Satie este humor no cesa, aunque deja paso a otras
situaciones en primer plano. Es el ca so de su periodo místico, que le ganó un
nuevo mote: EsotErik Satie.
Un amigo de Satie,
Joséphin Péladan, lo recibe en la Orden de los Rosacruces, lo que trae nuevas
invenciones estilísticas a la obra de Satie, quien compone varias obras maestras,
entre ellas la monumental música para piano solo titulada Le fils des étoiles, a partir de un texto de Péladan y en esa
música, tan bella como austera, tan terrenal como cósmica, Erik Satie se
confirma: es un Hijo de las Estrellas.
Erik excéntrico:
funda su propia Iglesia, de la cual es el líder y el único miembro:
La Iglesia Metropolitana de Jesús el
Conductor. Abandonará pronto esta cuasiocurrencia, pero total entrega.
Su indagación
interior, ese caminar por las calles de París, sonriendo, era en realidad una
caminata de soliloquio, diálogo interior, Leopold Bloom convierte Dublín en
Ciudad Luz, una ruta interna, un crecer espiritualmente.
De pronto nadie
sabía si era broma o serio. Lo que es cierto es que su prodigiosa Misa de los pobres pide en la partitura
al pianista en turno: “esta obra debe interpretarse con gran desprendimiento
hacia el presente”.
¿Refugio,
subterfugio?
Sonriamos.
Como sonreía Satie
cada vez que realizaba un nuevo descubrimiento, una nueva invención, una
ocurrente travesura.
Como cuando
escribió su gloriosa Musique
d’ameublement (Música de amueblamiento, o bien: Música para amueblar) con una aspiración seria: que la música suene
sin que el escucha adopte alguna de las posturas, físicas o simbólicas,
convencionales, es decir que el público deambule por la sala, sin sentarse en
una butaca frente a los músicos. Que la música sea parte de la estancia, como
los muebles, o el decorado.
Un invento
portentoso que, con los años, la historia habría de darle la razón: Silvestre Revueltas
en México escribió una “Música para charlar” con una intención similar. Luego
se inventó la pavorosa música Muzak, para que sonara en los elevadores o en los
aviones y en las tiendas departamentales, ésa sí con un propósito: dizque
apaciguar al escucha y en su caso inclinarlo al consumo.
Años más tarde otro
músico genial, también ligado como Satie a las artes escénicas y a la pintura,
el británico Brian Eno, habría de inventar lo que hoy se conoce como “música
ambiente”, condensada en su obra maestra: Music
for airports. Con su consabida carga de ironía, a lo Satie, pero con un
sentido estético y biológico brutal, como la música de Satie.
Gustaba de hacer
repetir y repetir y repetir el mismo compás, alargar la melodía, con pocas,
cada vez menos notas, un anuncio del minimalismo que vendrá, pero en su caso
con un sentido armónico denso, tan complejo como brutalmente sencillo.
También de la era
EsotErik Satie se desprende otra de las claves de la obra completa de este
músico: el uso del número 3.
Porque escribió Tres gimnopedias, dos veces 3 es decir Seis gnosedias, Tres pedazos en forma de
pera, Tres sarabandas. Y así.
Muchos relacionan
este hecho con la numerología. El número 3 es clave entre los rosacruces. Tiene
una carga, un contenido, significado y acción poderosos.
Pero hay una razón
estrictamente musical en el uso del número tres y su complemento, el 6: en ese número
se basa el poderoso sistema armónico de la música entera de Satie, un
dispositivo tan complejo como sencillo, una suerte de explicación de la magia, sin
el truco.
Porque no hay truco
en las Gimnopedias. Su efecto sobre
el escucha es descomunal.
Y todo es hecho y
dicho de la manera más sencilla, ascética, humilde. En soledad.
Tan pegado a la
tierra y tan elevado en su alma. Erik Satie se divirtió mucho poniendo títulos extraños,
provocadores, hilarantes, a sus obras, tan breves como monumentales:
Piezas
en forma de pera. Apreciaciones desagradables. Verdaderos preludios blandos (para
un perro). Aires para salir corriendo. Danzas defectuosas. Piezas frías. Coral inapetente.
Danzas raquíticas. Piezas montadas. Penúltimos pensamientos.
Uno escucha y ríe.
Sonríe. Camina por las calles de París y sonríe. Mientras la música suena.
Es como escuchar la
Novena sinfonía de Shostakovich y
reír a carcajadas mientras los demás, en sus butacas, ponen cara mustia. O
disfrutar las travesuras, las carcajadas sónicas de las obras para piano de
Mozart. El niño Mozart.
El niño Satie: el
título de su obra inicial e iniciática, Gimnopedias,
refiere en su misteriosa etimología a la infancia por igual que a la antigüedad
griega. Hay quienes encuentran significados profundos, mitológicos, intelectuales.
Para nada, hay que simplemente escuchar y sonreír. Enamorarse con las Gimnopedias es para siempre.
Labor de orfebre,
fabricar sonrisas. Satie escribe para el piano y lo que activa son los músculos
faciales y los del alma. Hace son reír al alma.
Humilde, irónico,
humorista, le gustaba definirse así cuando le preguntaban de qué vivía, a qué se
dedicaba, cuál era su profesión: “gimnopedista”, respondía. Y luego afinó: “soy
un humilde filófono”.
Satie, el amante de
los sonidos, el hijo de las estrellas.
Cada vez escribía
menos notas y cada vez despertaba más sonrisas. El ascetismo de su escritura
equivalía al barroco más manierista, al filósofo más hondo, al pensador más elevado.
El arte de la
brevedad. La obra puede durar cuarenta segundos y en ellos ya construyó la eternidad.
Así es la música de un solitario. Un transgresor.
En sus últimos años
de vida, se dedicó a enseñar la música a los jóvenes. Y a los niños. Entre sus muchas
ocupaciones excéntricas, publicaba artículos de humor raro en revistas, anuncios
en periódicos donde ponía en venta edificios imaginarios, que dibujaba y guardaba
en una lata de conservas en su cocina. De ahí surgieron las Memorias de un amnésico y Los cuadernos de un mamífero.
Escribió, por
ejemplo, respecto de sus enseñanzas a los niños: “Los ejercicios se hacen en la
mañana, después del desayuno. Hay que estar muy limpio, haberse sonado bien. No
ponerse a trabajar con los dedos llenos de mermelada”.
Para Erik Satie los
niños son seres de quienes los adultos se ríen.
Cuando caminaba por
las calles de París y sonreía, de vez en vez le venía a la mente la imagen, a
sus doce años, de su abuela ahogada, en la playa, y sonreía cuando veía la sonrisa
de ella, bajo el cobijo tierno del graznar de las aves marinas.
Todos lo recuerdan
en el espejo de una sonrisa. Pantalones anchos, siempre de traje oscuro, quevedos,
bastón, sombrero de bombín y aunque tenía barba, siempre cortada como pino viendo
al suelo, decían los circunstantes al verlo pasar:
Ahí va Charlot.
Una música
suavemente mecida por elviento.
Dicen muchos
musicólogos que ErikSatie
no tenía amigos, dicen que era un solitario pero ignoran el valor de estar con uno
mismo y sonreír.
Sus amigos al pie
de su lecho de muerte aportan esta imagen para la historia:
Nunca, aun en los
peores momentos de la enfermedad, nunca dejó de sonreír. Cuando expiró, dejó en
su rostro un mensaje final: una sonrisa.
Escuchemos la
música de Erik Satie.
Inundados de
sonrisas.
*Tomado
de la revista Revista de la Universidad, Número 87, mayo de 2011
*Pablo Espinoza nació en Córdoba, Veracruz, en 1956. Periodista
cultural. Fue subjefe de prensa del INBA (1980-1982). Colaboró en El
Fígaro,Cineguía, entre otras publicaciones. Ha sido reportero de
las secciones culturales de los periódico El Nacional (1983-1984)
y La Jornada (1984-), de la que es coordinador de la sección
de Cultura. Es autor del libro Si me han de matar mañana, lo redacto
de una vez (Editorial Leega-INBA), por el que le fue otorgado el Premio
Bellas Artes de Literatura en 1986. En 1988 recibió el Premio Sinaloa de
Periodismo Cultural. En 1994, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes
publicó su libro de crónicasNo por mucho madrugar se redacta más temprano.
En 1996 la Universidad Nacional Autónoma de México publicó, como libro
conmemorativo, el amplio reportaje titulado Sala Nezahualcóyotl, una
vida de conciertos. Textos suyos han sido recogidos en los libros Escenarios
de dos mundos (editado por el Ministerio de Cultura de España)
y El fin de la nostalgia. Nueva crónica de la ciudad de México (Nueva
Imagen).