martes, 4 de noviembre de 2014

Las tecnologías de la información y la comunicación: las nuevas formas de hacer periodismo

José Fabela Aldaco


La repercusión de las tecnologías de la información y comunicación es innegable en el ejercicio periodístico; en la forma de hacerlo, recibirlo y procesarlo.
Podríamos decir que la internet integra todos los medios: radio, televisión, prensa. Nuevas formas y medios para informar han aparecido en los últimos años en la red: Blogger, WordPress, Twitter, Facebook, YouTube; sólo por mencionar los más conocidos. La noticia a nivel mundial, nacional o local que antes tardaba días o hasta años en llegarnos, ya fuera por la manipulación de los medios o porque simplemente no era importante como para darla a conocer, ahora está al alcance -a veces hasta en cuestión de segundos- de quienes tienen acceso a las tecnologías de la información y comunicación: el hallazgo de la galaxia más vieja jamás conocida, la narcomanta que apareció en el puente peatonal de la ciudad, el político que fue sorprendido en un acto de corrupción, las extravagancias de algún cantante, los estudiantes desaparecidos y hasta la mascota haciendo gracias frente a la cámara de algún teléfono celular forman parte de las montañas de terabytes de noticias que consumen los navegantes de la internet a diario.

El ejercicio periodístico al alcance de todos
En 2003, cuando aún no llegaba la explosión de las redes sociales, Bill Kovach y Tom Rosenstiel afirmaron que “las nuevas tecnologías permiten a cualquiera que tenga un módem y un ordenador declarar que «hace periodismo»1. El periodista es un productor de pensamiento y en ese sentido los espacios alternativos, como los blogs y las redes sociales son un espacio excelente para dar rienda suelta al ejercicio periodístico, la internet se convierte en una poderosa y útil herramienta que contribuye a la democracia a través del libre flujo de la información, dando poder a los ciudadanos (siempre y cuando las leyes informáticas del país en el que vivan lo permitan) de ejercer la libertad de expresión.
Pero el acceso a estos espacios y la libertad que se tiene también representan un arma de doble filo. La facilidad que da la red para subir información ha generado un sobrecargo de noticias que no permiten diluir la información, de noticias que muchas veces carecen de rigor periodístico, de noticias falsas que son tomadas como ciertas, de noticias irrelevantes que desplazan a noticias relevantes; es el riesgo que se corre al dar acceso a todo el mundo a subir contenido a la internet.

Un malentendido en la red de lo que es el periodismo
La sociedad actual se caracteriza por la irrupción de las nuevas tecnologías de la información y comunicación y estas tecnologías cambian rápidamente a las sociedades del planeta. La población es muy sensible a los procesos de alineación cultural y en este sentido las tecnologías de la información y comunicación juegan un papel determinante, tanto para quién consume la información como para quien la produce.
Si bien los blogs y las redes sociales representan un espacio y una oportunidad para ejercer el periodismo (casi) sin restricciones una desventaja es malentender o confundir el periodismo con el panfleto, practicado como arma ideológica que interpreta y acomoda la realidad a los intereses de algún grupo político o la ideología de quien cree que lo practica: propaganda y elogios para con quien se simpatiza y golpes bajos y zancadillas para quien se considera detractor o enemigo.
El fruto de ese periodismo es la banalización de los problemas, el empobrecimiento de los debates, la deformación u ocultación de los hechos y la sobrevaloración de acontecimientos superfluos; nada nuevo que no ocurra en el periodismo tradicional, pero vale la pena señalar que siguen presentes los mismos vicios y deformaciones en la profesión periodística ejercida en la internet.
Pero no todo es un mal ejercicio periodístico, también hay buen periodismo en la internet; ese que extrae información de la realidad y la selecciona con criterios claros de interés general y público: información que la da sentido a la realidad de todo ciudadano, información que necesitan para ser libres y capaces de gobernarse a sí mismos.

Ventajas del periodismo ejercido en la internet
Si bien mencionar ventajas como la rapidez con la que viaja la información a través de la internet, capturar un video o una foto y subirla a las redes sociales o algún portal de noticias en cuestión de segundos pueda sonar quizás trillado para algunos, vale la pena mencionar tres factores importantes que identifican y caracterizan al periodismo que se produce en la internet y que le dan ventaja sobre el periodismo tradicional:

1. Cada mensaje tiene la posibilidad de generar hipervínculos; crear nuevas relaciones y generar una comunicación casi infinita en la red.
2. Los espacios como los blogs o las redes sociales son antiautoritarios e impiden la monopolización de la información.
3. El periodismo ejercido en la red provoca una actividad enlazante, es decir, una comunicación entre navegantes y en muchas ocasiones con quien produce la información; esto crea comunidades y redes de opinión e influencia: la globalización de la información.

Al final, las tecnologías de información y comunicación no nos hacen ni más ni menos cultos, ni mejores ni peores y dejan intacto el sentido del periodismo en el que lo fundamental es el mensaje y el mensaje no es el medio, y el periodismo, el buen periodismo, el que se ejerce en la internet y el que se ejerce de manera tradicional debe tener señas de identidad que lo caractericen y lo diferencien de lo que no debe ser considerado como periodismo profesional.

Referencias
1. KOVACH, Bill y ROSENSTIEL, Tom
2003: Los elementos del periodismo. Madrid, Aguilar S.A. de Ediciones-Grupo
Santillana.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Tres cosas que no me gustan de la izquierda mexicana

1. Insultan al pueblo por el que dicen luchar. “Imbéciles, ignorantes, pendejos y borregos” son los insultos más comunes que leo en las redes sociales de parte de una gran cantidad de gente de izquierda hacia el pueblo.

2. El ateísmo en la izquierda y la adoración de caudillos. No tengo absolutamente nada en contra del ateísmo, tampoco en contra de los creyentes en algún dios, pero me llama la atención la superioridad
intelectual que creen tener una gran cantidad de personas que se dicen de izquierda sólo por el hecho de ser ateos. Son ateos que se la viven con el “Yisus” en la boca, para nada me opongo a la crítica a la religión o al ateísmo, pero lo que hacen no es crítica, son burlas choteadísimas, y está bien, tienen derecho a burlarse de lo que quieran, incluso estoy a favor de quitarle la solemnidad a todo (extrañamente jamás se burlan del islam o de los musulmanes, sólo del cristianismo, casi exclusivamente del catolicismo, al menos no me ha tocado ver un simple chascarrillo sobre el islam), lo que me parece totalmente incongruente es que si alguien se atreve a hacer una simple broma sobre Fidel Castro o Hugo Chávez se ponen como energúmenos y casi exigen que te retractes y estoy casi seguro que si pudieran hacer que te retractaras lo harían. No toda la izquierda es así, por supuesto, pero abundan estos casos.
Ni ser ateo hace más inteligentes a las personas, ni ser creyente las hace más buenas.

3. Intolerancia y fanatismo. Siempre estaré a favor de la libertad de expresión, considero vital la crítica, pero tal parece que un alto porcentaje de la izquierda mexicana no acepta ningún tipo de crítica a su ideología, gobiernos o líderes políticos con los que simpatizan. Me consta que hay gente de izquierda que creen que no se debe hacer la menor crítica, por ejemplo, al Che a Fidel Castro o a Hugo Chávez o al gobierno de Corea del Norte o a Cuba, no ven en estas personas o gobiernos absolutamente nada, pero nada criticable: síntomas de fanatismo.

sábado, 21 de junio de 2014

Deeper Blue

Escuché Deeper Blue por primera vez en 2002, más o menos, pero no sabía de quién era la música, la pieza venía suelta junto con otras cien en formato mp3 en un CD que me habían prestado y no traía información. Les pregunté a melómanos de hueso colorado y nadie sabía de quién se trataba, todos me decían que les sonaba a Miles Davis, pero no estaban seguros, a mí también me sonaba a Miles. Tardé once años para descubrirlo. El año pasado subí la pieza a mi canal de YouTube solicitando ayuda y fue finalmente YouTube el que me dio la respuesta en el apartado que me sugiere comprar la música. Se trata de Deeper Blue del álbum B.L.U.E. Nights de la banda Bruford Levin Upper Extremities.
     Desde la primera vez que la escuché me encantó la atmósfera que crea la música, no pude evitar relacionarla con la noche, desde las primeras notas la trompeta evoca la parte más profunda de la madrugada. Por ese tiempo había leído el libro de cuentos ‘Los límites de la noche’ de Eduardo Antonio Parra y de inmediato convertí esta pieza en soundtrack del libro.



Arvo Pärt


"Ya desde que estaba en Estonia, Arvo estaba sintiendo lo mismo que el resto de nosotros. [...] Amo su música y amo el hecho de que sea un hombre tan talentoso y valiente. [...] Está completamente fuera de la corriente dominante y sin embargo es enormemente popular, lo cual es muy inspirador. Su música llena una profunda necesidad humana que no tiene nada que ver con la moda"

 Steve Reich 




sábado, 14 de junio de 2014

Erik Satie, la música que siempre sonríe

Pablo Espinosa

Ahí va Charlot, decían a su paso por las calles de París.
Y él, sin escuchar esas voces entre el reconocimiento y la burla, simplemente sonreía.
Y seguía su paso.
Amaba caminar y sonreír.
Tenía una sonrisa luminosa.
Y un andar entre cómico y solemne. Como siguiendo un modelo aprendido, en un equilibrio salido de sus dos figuras paternas: extravagante era su tío, como convencional su padre.
Aunque al caminar lo confundían con Charles Chaplin.
Comenzaba el siglo XX.
Siempre que caminaba recordaba su infancia: el rumor de las olas en Normandía, la playa de Honfleur, donde nació en 1866, y el cambio radical en su existencia: tenía doce años cuando encontraron ahogada a su abuela en esa playa.
Misterio. Ningún rastro de violencia, inclusive a él le pareció ver una sonrisa en el rostro de la abuela.
Su madre había muerto cuando tenía cuatro años y recién se instalaba la familia en París. El retorno a su Honfleur natal terminó esa mañana cuando encontraron a su abuela ahogada.
Y regresaron a Ciudad Luz.
Una docena de años después entró a la historia luego de escribir sus Gimnopedias, tres piezas breves de insondable misterio, particular encanto y un ascetismo que desmadeja.
Lento y suave, lento y triste, lento y doloroso. Tres piezas, tres títulos.
¿Puede una música sencilla expresar a cabalidad la soledad?
He ahí la música de Erik Satie.
Vaya concepto: la soledad.
En la cultura occidental los conceptos suelen ser pobres en el imaginario popular y en los actos de las personas.
La simple palabra soledad produce miedo. Soledad entre multitudes.
Saint-John Perse: Esos rostros entre la multitud / hojas de una húmeda, oscura rama.
Cuando se habla de Erik Satie suele decirse que era un hombre extravagante, solitario, pobre. Que murió sin amigos, solo como un perro.
Cierto, fue pobre. Pero la suya era una soledad de soledades.
Quienes estuvieron con él, junto a la cama del hospital parisino donde falleció en 1925, es decir, sus amigos, derriban por tierra la leyenda: fue un guerrero todo el tiempo, hasta el último momento. No dejó de sonreír.
Lento y suave, lento y triste, lento y doloroso
Las Gimnopedias enamoran. Propician romances verdaderos. Son lo contrario de la soledad. O, mejor: expresan la virtud de quien desarrolla la capacidad de estar consigo mismo. De amarse, y por ende amar a los demás.
Esa magia que tienen las Gimnopedias llevó a su amigo Claude Debussy (¿quién dice que Satie no tenía amigos?) a orquestar dos de ellas, a Jean Cocteau a recomendarlo entre los compositores que gobernaban la vida musical del París de principios del siglo XX (Stravinsky, quien respetaba y admiraba a Satie; Ravel, quien aprendió hu mildemente del maestro Erik; y los jóvenes Poulenc, Milhaud, et al.), y llevó a Picasso a colaborar en montajes de música y escena, a Francis Picabia a hacer lo propio, al igual que a René Chair, Tristan Tzara…
Tantos amigos de un hombre solitario.
¿Cómo puede un hombre tan solo reír tanto?
Aquí lo tenemos, al final de una de sus alegres caminatas solitarias por las calles de París,en su humilde cuarto en los suburbios, que era al mismo tiempo recámara, sala, comedor. Y el cuarto entero: su estudio.
Escribe una música desnuda. Y la viste con enorme contenido. Y claro, no hay que creérsela tanto, no hay que ser vanidoso. Humildad, señores, riamos a placer:
Y entonces el maestro Erik Satie empieza con sus bromas, chascarrillos, ocurrencias, genialidades que quedaron plasmadas para siempre en sus partituras:
Las convencionales indicaciones en italiano: allegro con spirito, andante con fuoco, allegro molto, etcétera, Satie las convierte en auténticas delicias:
“Toque con la mano izquierda estas notas, con la derecha las siguientes, y las que restan… ¡con la nariz!”.
Más instrucciones:
“Abra la cabeza”.
“Sin orgullo”.
“Recorrer las teclas con dedos amables y sonrientes”
“Conservar la cabeza fría”.
“Ármese de clarividencia”.
“Toque estas notas con el último rincón de su pensamiento”.
Surge una duda metafísica:
¿El humor en Satie era refugio o subterfugio?
Era un camino interior.
Como en la mayoría de los compositores, pueden distinguirse periodos estilísticos diversos en la historia creativa de Satie. Sus piezas humorísticas más evidentes datan del periodo comprendido entre 1912 y 1915.
Pero no era un humor limitado a las parodias de las indicaciones canónicas, o a los títulos, que oscilan de la algarabía al nonsense. No, es una de las músicas más deliciosas que uno puede escuchar cualquier cantidad de veces y aunque uno sabe lo que va a suceder enseguida, no puede contener la carcajada.
            Por ejemplo en las tres piezas tituladas Embriones disecados, forma un triángulo escaleno entre la tríada y en la primera y la última pieza se divierte a placer manipulando otro de los conceptos canónicos: la coda final, la apostilla, el remate, las notas finales que tanto furor causan entre el público que irrumpe en bravos, hurras, aplausos porque el final a tambor batiente los enardece.
Pero Satie, travieso, en lugar de poner una rúbrica y terminar la obra, escribe una terminación, hace una pausa y escribe una segunda, pausa, un nuevo compás que finaliza, pero no termina: va otro final falso y otro y otro. Carcajadas.
En los otros periodos estilísticos de Satie este humor no cesa, aunque deja paso a otras situaciones en primer plano. Es el ca so de su periodo místico, que le ganó un nuevo mote: EsotErik Satie.
Un amigo de Satie, Joséphin Péladan, lo recibe en la Orden de los Rosacruces, lo que trae nuevas invenciones estilísticas a la obra de Satie, quien compone varias obras maestras, entre ellas la monumental música para piano solo titulada Le fils des étoiles, a partir de un texto de Péladan y en esa música, tan bella como austera, tan terrenal como cósmica, Erik Satie se confirma: es un Hijo de las Estrellas.
Erik excéntrico: funda su propia Iglesia, de la cual es el líder y el único miembro:
La Iglesia Metropolitana de Jesús el Conductor. Abandonará pronto esta cuasiocurrencia, pero total entrega.
Su indagación interior, ese caminar por las calles de París, sonriendo, era en realidad una caminata de soliloquio, diálogo interior, Leopold Bloom convierte Dublín en Ciudad Luz, una ruta interna, un crecer espiritualmente.
De pronto nadie sabía si era broma o serio. Lo que es cierto es que su prodigiosa Misa de los pobres pide en la partitura al pianista en turno: “esta obra debe interpretarse con gran desprendimiento hacia el presente”.
¿Refugio, subterfugio?
Sonriamos.
Como sonreía Satie cada vez que realizaba un nuevo descubrimiento, una nueva invención, una ocurrente travesura.
Como cuando escribió su gloriosa Musique d’ameublement (Música de amueblamiento, o bien: Música para amueblar) con una aspiración seria: que la música suene sin que el escucha adopte alguna de las posturas, físicas o simbólicas, convencionales, es decir que el público deambule por la sala, sin sentarse en una butaca frente a los músicos. Que la música sea parte de la estancia, como los muebles, o el decorado.
Un invento portentoso que, con los años, la historia habría de darle la razón: Silvestre Revueltas en México escribió una “Música para charlar” con una intención similar. Luego se inventó la pavorosa música Muzak, para que sonara en los elevadores o en los aviones y en las tiendas departamentales, ésa sí con un propósito: dizque apaciguar al escucha y en su caso inclinarlo al consumo.
Años más tarde otro músico genial, también ligado como Satie a las artes escénicas y a la pintura, el británico Brian Eno, habría de inventar lo que hoy se conoce como “música ambiente”, condensada en su obra maestra: Music for airports. Con su consabida carga de ironía, a lo Satie, pero con un sentido estético y biológico brutal, como la música de Satie.
Gustaba de hacer repetir y repetir y repetir el mismo compás, alargar la melodía, con pocas, cada vez menos notas, un anuncio del minimalismo que vendrá, pero en su caso con un sentido armónico denso, tan complejo como brutalmente sencillo.
También de la era EsotErik Satie se desprende otra de las claves de la obra completa de este músico: el uso del número 3.
Porque escribió Tres gimnopedias, dos veces 3 es decir Seis gnosedias, Tres pedazos en forma de pera, Tres sarabandas. Y así.
Muchos relacionan este hecho con la numerología. El número 3 es clave entre los rosacruces. Tiene una carga, un contenido, significado y acción poderosos.
Pero hay una razón estrictamente musical en el uso del número tres y su complemento, el 6: en ese número se basa el poderoso sistema armónico de la música entera de Satie, un dispositivo tan complejo como sencillo, una suerte de explicación de la magia, sin el truco.
Porque no hay truco en las Gimnopedias. Su efecto sobre el escucha es descomunal.
Y todo es hecho y dicho de la manera más sencilla, ascética, humilde. En soledad.
Tan pegado a la tierra y tan elevado en su alma. Erik Satie se divirtió mucho poniendo títulos extraños, provocadores, hilarantes, a sus obras, tan breves como monumentales:
Piezas en forma de pera. Apreciaciones desagradables. Verdaderos preludios blandos (para un perro). Aires para salir corriendo. Danzas defectuosas. Piezas frías. Coral inapetente. Danzas raquíticas. Piezas montadas. Penúltimos pensamientos.
Uno escucha y ríe. Sonríe. Camina por las calles de París y sonríe. Mientras la música suena.
Es como escuchar la Novena sinfonía de Shostakovich y reír a carcajadas mientras los demás, en sus butacas, ponen cara mustia. O disfrutar las travesuras, las carcajadas sónicas de las obras para piano de Mozart. El niño Mozart.
El niño Satie: el título de su obra inicial e iniciática, Gimnopedias, refiere en su misteriosa etimología a la infancia por igual que a la antigüedad griega. Hay quienes encuentran significados profundos, mitológicos, intelectuales. Para nada, hay que simplemente escuchar y sonreír. Enamorarse con las Gimnopedias es para siempre.
Labor de orfebre, fabricar sonrisas. Satie escribe para el piano y lo que activa son los músculos faciales y los del alma. Hace son reír al alma.
Humilde, irónico, humorista, le gustaba definirse así cuando le preguntaban de qué vivía, a qué se dedicaba, cuál era su profesión: “gimnopedista”, respondía. Y luego afinó: “soy un humilde filófono”.
Satie, el amante de los sonidos, el hijo de las estrellas.
Cada vez escribía menos notas y cada vez despertaba más sonrisas. El ascetismo de su escritura equivalía al barroco más manierista, al filósofo más hondo, al pensador más elevado.
El arte de la brevedad. La obra puede durar cuarenta segundos y en ellos ya construyó la eternidad. Así es la música de un solitario. Un transgresor.
En sus últimos años de vida, se dedicó a enseñar la música a los jóvenes. Y a los niños. Entre sus muchas ocupaciones excéntricas, publicaba artículos de humor raro en revistas, anuncios en periódicos donde ponía en venta edificios imaginarios, que dibujaba y guardaba en una lata de conservas en su cocina. De ahí surgieron las Memorias de un amnésico y Los cuadernos de un mamífero.
Escribió, por ejemplo, respecto de sus enseñanzas a los niños: “Los ejercicios se hacen en la mañana, después del desayuno. Hay que estar muy limpio, haberse sonado bien. No ponerse a trabajar con los dedos llenos de mermelada”.
Para Erik Satie los niños son seres de quienes los adultos se ríen.
Cuando caminaba por las calles de París y sonreía, de vez en vez le venía a la mente la imagen, a sus doce años, de su abuela ahogada, en la playa, y sonreía cuando veía la sonrisa de ella, bajo el cobijo tierno del graznar de las aves marinas.
Todos lo recuerdan en el espejo de una sonrisa. Pantalones anchos, siempre de traje oscuro, quevedos, bastón, sombrero de bombín y aunque tenía barba, siempre cortada como pino viendo al suelo, decían los circunstantes al verlo pasar:
Ahí va Charlot.
Una música suavemente mecida por el viento.
Dicen muchos musicólogos que Erik Satie no tenía amigos, dicen que era un solitario pero ignoran el valor de estar con uno mismo y sonreír.
Sus amigos al pie de su lecho de muerte aportan esta imagen para la historia:
Nunca, aun en los peores momentos de la enfermedad, nunca dejó de sonreír. Cuando expiró, dejó en su rostro un mensaje final: una sonrisa.
Escuchemos la música de Erik Satie.
Inundados de sonrisas.



*Tomado de la revista Revista de la Universidad, Número 87, mayo de 2011 

*Pablo Espinoza nació en Córdoba, Veracruz, en 1956. Periodista cultural. Fue subjefe de prensa del INBA (1980-1982). Colaboró en El Fígaro,Cineguía, entre otras publicaciones. Ha sido reportero de las secciones culturales de los periódico El Nacional (1983-1984) y La Jornada (1984-), de la que es coordinador de la sección de Cultura. Es autor del libro Si me han de matar mañana, lo redacto de una vez (Editorial Leega-INBA), por el que le fue otorgado el Premio Bellas Artes de Literatura en 1986.  En 1988 recibió el Premio Sinaloa de Periodismo Cultural. En 1994, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes publicó su libro de crónicasNo por mucho madrugar se redacta más temprano. En 1996 la Universidad Nacional Autónoma de México publicó, como libro conmemorativo, el amplio reportaje titulado Sala Nezahualcóyotl, una vida de conciertos. Textos suyos han sido recogidos en los libros Escenarios de dos mundos (editado por el Ministerio de Cultura de España) y El fin de la nostalgia. Nueva crónica de la ciudad de México (Nueva Imagen).