miércoles, 24 de junio de 2026

México sin ciencia

Me he dado cuenta de algo que, aunque evidente, parece pasar desapercibido: los países desarrollados son los que más invierten en ciencia, y no es casualidad que los científicos mejor pagados estén en esos mismos países. La relación es directa: donde se valora el conocimiento, florece el progreso. Donde se desprecia, reina la mediocridad.
En México ocurre justo lo contrario. Los investigadores científicos —los que deberían estar a la vanguardia del desarrollo nacional— reciben sueldos vergonzosamente bajos. Y esto no es solo un síntoma económico, sino cultural. Es la manifestación de una sociedad que ha decidido que el conocimiento no es prioridad, que el aplauso fácil vale más que la inteligencia, y que la dádiva electoral es más rentable que la inversión en pensamiento.
Actualmente, vivimos una etapa donde el gobierno ha sustituido la visión por la propaganda. Repartir dinero se ha convertido en la política central, como si el país fuera un botín que se administra a través de programas asistenciales. Es el regreso de la vieja lógica del PRI: mantener a la gente conforme con intercambio de votos por dádivas, aunque eso implique condenar al país a la dependencia permanente. El reparto directo de dinero sin transformación estructural crea dependencia, no progreso.
Lo que realmente genera desarrollo es la inversión inteligente: la que forma cerebros, no clientelas. La inversión en ciencia crea autonomía, innovación y prosperidad. Es ahí donde debería concentrarse la fuerza del Estado. Si México decidiera pagar los mejores sueldos a quienes hacen investigación científica —más que a los políticos, más que a los burócratas— estaríamos sembrando una transformación auténtica. No solo económica, sino cultural.
Necesitamos una política de Estado que entienda que el conocimiento es poder real. Que se atreva a elevar al científico al nivel de héroes civiles. Que financie la investigación con la misma prioridad con que se financia la propaganda política. Porque solo así el país dejará de depender del discurso y empezará a depender de su inteligencia.
El día que un niño mexicano sueñe con ser científico porque sabe que eso le dará prestigio, estabilidad y reconocimiento, ese día habremos comenzado a construir un país distinto. Pero mientras los científicos sigan sobreviviendo y los políticos sigan enriqueciéndose, seguiremos atrapados en este ciclo donde la ignorancia es premiada y la inteligencia, castigada.

José Fabela




En la fotografía aparece la Dra. Beatriz Xoconostle, víctima del gobierno de López Obrador.
Foto: Carlos Cisneros