miércoles, 4 de agosto de 2010

El último número de Kiosko


Texto y foto: José Fabela aldaco
Kiosko, un periódico lagunero especializado en medios y comunicación estuvo a punto de desaparecer y el número 63, el de agosto de 2010, pudo haber sido el último. José Guadalupe González, su director, me pidió a mí y a otras personas que escribiéramos un artículo para y sobre Kiosko ya que este sería el último número y había que despedirse con decoro. Colaboraría de dos formas, con mis fotografías y con un artículo. Para el 15 de julio mi colaboración estaba en el correo de Pepe Lupe. Pasaron 8 ó 10 días y afortunadamente Kiosko logró resolver su situación financiera y continuaría apareciendo. Después de esta buena noticia Pepe Lupe nos pide (a los colaboraríamos en ese último número) que le cambiemos el tono de despedida a los textos para poderlos publicar, ya que Kiosko continuaría. Por mi parte hice lo mío, le cambié el tono de despedida. Cuando estaba a punto de enviarlo nuevamente al correo de Pepe Lupe me lo encuentro en Messenger y me dice: "ya no me envíes nada, ya completé de colaboraciones para Kiosko". Para que esto no fuera una pérdida de tiempo y mi texto no se quedara almacenado en el disco duro de mi computadora decidí compartirlo con ustedes (afortunadamente las fotos sí se publicaron).

kioSko y la fotografía

La fotografía en kioSko siempre ha tenido su lugar, a su manera, pero lo ha tenido. Por qué digo que a su manera, porque las fotografías que se publican no tienen como objetivo dar testimonio o veracidad a los textos que presenta (a excepción de algunos números en los que las imágenes sí han formado parte del contexto de los artículos), como es común, o mejor dicho, necesario en los medios de comunicación habituales.

Las páginas de kioSko han resultado un excelente espacio para los fotógrafos de la región que buscan un medio donde presentar su obra, ya que como lo mencioné líneas arriba, el objetivo de las fotografías en este periódico no es dar veracidad a los artículos sino mostrar la obra de fotógrafos que deseen compartir su trabajo con los lectores y esto abre la posibilidad de presentar imágenes con cualquier temática, y digo con cualquier temática porque en kioSko nunca ha habido censura, al menos a mí nunca se me ha prohibido nada. En las páginas de kioSko he visto desfilar gran cantidad de géneros y temas: paisajes, fotoperiodismo, retratos, ensayo fotográfico, bodegón, fotografía documental, arquitectura.
La luz se vuelve perdurable cuando es atrapada dentro de la cámara oscura de un fotógrafo que transita ansioso por recibir esa dosis de luz en su cámara. Las páginas de kioSko han mostrado y puesto al alcance de sus lectores esa luz. Cómo olvidar la foto de Fernando Lozano en la que un hombre que participa en la toma de protesta de López Obrador como presidente legítimo muestra un cartelón que dice: “La mamá de Fox se murió de la vergüenza de tener un hijo tan pendejo” o la fotografía arquitectónica de Katiuska Herrera que muestra la antigua Jabonera de Gómez Palacio en ruinas, o el buen fotoperiodismo de Miriam Canales en el que se muestran manifestaciones sociales en contra de la privatización de PEMEX, sólo por mencionar algunos casos que se me vienen a la mente.
Aunado a esta peculiar forma de presentar fotografías kioSko se enriqueció con los excelentes artículos sobre fotografía de Javier Rodríguez Villa, quien también es fotógrafo y varias veces ha participado también con sus fotos. Mes tras mes Rodríguez Villa vino haciendo un buen análisis sobre el tema con sus colaboraciones, es una lástima no haber encontrado sus textos en los últimos números. Bien valdría la pena seguir dedicando una sección fija en este medio en la que se reflexione acerca de la trayectoria de fotógrafos, fotografías, situaciones, en fin, una sección dedicada exclusivamente al análisis, crítica y reflexión sobre la imagen, como Rodríguez Villa lo vino haciendo.
Por otra parte en las páginas de kioSko en varios números se han presentado imágenes tomadas de páginas de internet y es aquí donde veo el inconveniente, más allá de que se muestren sin el consentimiento de los autores a estos no se les da el crédito, simplemente se muestra una nota que dice: “Imágenes tomadas de internet”. El no tomarse el tiempo de investigar quién es el autor de la imagen que se muestra es una falta de respeto a los fotógrafos, y no sólo eso, subestima y degrada a la fotografía en general, entiendo que hay casos en los que resulta difícil investigar el nombre del fotógrafo, pero al menos se debería dar como referencia la liga completa de la página de la que fue tomada la imagen. Creo que a ningún escritor o periodista le gustaría toparse con un artículo suyo en algún periódico o revista y que no obstante que se haya tomado sin su consentimiento ni siquiera se le dé el crédito. Lo mismo les ocurre a los fotógrafos.
De cualquier manera, las páginas de kioSko son una constancia de las vicisitudes de la fotografía lagunera.

lunes, 8 de marzo de 2010

¿O no?, un texto de Eusebio Ruvalcaba


Va este texto de Eusebio Ruvalcaba.
Foto: José Fabela Aldaco

*¿O no?
Por Eusebio Ruvalcaba
Chavas: fajen, no amen
Porque sí, porque se lo merecen. Sentir su cuerpo, el de ustedes, a través de la mano de un hombre. Sentir que pueden conocer a un galán por la forma en que las toca, con ternura, con delicadeza, o de plano con pasión desmesurada, como ustedes quieran, pero siempre al gusto de ustedes.
Fajen, no amen. Amen si quieren, pero no se priven de fajar por no amar. Los hombres nunca lo hacemos. Fajamos, amemos o no, eso nunca será obstáculo.
Los hombres nos jactamos mucho de las mujeres a las que nos hemos acercado, de las mujeres que hemos besado, de aquellas a las que les hemos hecho el amor. Siempre exageramos la nota: si nos venimos una vez, decimos que fueron tres; si no nos pudimos venir decimos que por hueva lo hicimos una sola vez. Nos manchamos describiendo el cuerpo de las chavas: que si tiene un lunar en la nalga izquierda, que si hicimos trenzas con sus pelitos, que si tiene los pezones color de rosa… Mentira, la mayoría de las veces no tenemos ni la menor idea porque la chava no se desnudó, porque no nos dio chance de mirarla, porque apagó la luz.
Las chavas son jefas, pero la mayoría se friquea si se trata de fajar. Quieren amar a huevo, o ser amadas, que para el caso es lo mismo. Hasta un beso les cuesta trabajo dar si en cambio no hay eso que llaman amor. Las consecuencias de este acto son terribles, porque los hombres somos unos pinches hipócritas, incapaces de ser fieles o de mostrar el menor respeto por aquella mujer que deposita su confianza en nosotros. Así fuimos educados, y así lo seguiremos siendo. Por eso la chava debe ser capaz de fajar, de descubrir, de darle nombre a ese cuerpo que toca, independientemente de si está enamorada o no. Debe sentir en carne propia sólo por el hecho de sentir. Que es maravilloso. Es una súper neta, del tamaño del mundo.
Y en la misma medida debe ser capaz de gozar lo que su cuerpo le exige. Sin prejuicios, sin miedos. Sólo por el hecho de que un chavo le gusta y de que le encantaría llevárselo a la cama. Estamos hablando de una chava que sabe cuidarse, que conoce su cuerpo, o que está aprendiendo a conocerlo, y que sabe que tiene el mismo derecho que un hombre para satisfacerse sexualmente. Estamos hablando de una chava que siempre trae un condón en la bolsa, que no está dispuesta a embarazarse a lo bestia y menos a contraer un puto sida. Estamos hablando de una mujer que acepta la seducción porque también seduce, que trata a un hombre con dulzura porque así le gusta ser tratada. Que no se aprovecha de su condición de mujer para humillar a un hombre. Estamos hablando de una mujer que es capaz de entregarse a los juegos del amor aun sin amar a su pareja.
Quién sabe si exista esa mujer.

*Tomado de la revista La Mosca en la pared, Número 43, diciembre de 2000

sábado, 6 de marzo de 2010

Tragos

Texto y foto: José Fabela Aldaco

Las jornadas se alargan con la caída de un sol interminable. El sol en el desierto golpea violento la piel de todos, derrite el lánguido viento que se embarra en la cara con todo su fuego. Por la tarde el pensamiento deambula encuerado en la esperanza desterrada de esta ciudad y clava su mirada en un partido de fútbol en alguna taberna.