Texto y foto: José Fabela AldacoLas jornadas se alargan con la caída de un sol interminable. El sol en el desierto golpea violento la piel de todos, derrite el lánguido viento que se embarra en la cara con todo su fuego. Por la tarde el pensamiento deambula encuerado en la esperanza desterrada de esta ciudad y clava su mirada en un partido de fútbol en alguna taberna.
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