
Va este texto de Eusebio Ruvalcaba.
Foto: José Fabela Aldaco
*¿O no?
Por Eusebio Ruvalcaba
Chavas: fajen, no amen
Porque sí, porque se lo merecen. Sentir su cuerpo, el de ustedes, a través de la mano de un hombre. Sentir que pueden conocer a un galán por la forma en que las toca, con ternura, con delicadeza, o de plano con pasión desmesurada, como ustedes quieran, pero siempre al gusto de ustedes.
Fajen, no amen. Amen si quieren, pero no se priven de fajar por no amar. Los hombres nunca lo hacemos. Fajamos, amemos o no, eso nunca será obstáculo.
Los hombres nos jactamos mucho de las mujeres a las que nos hemos acercado, de las mujeres que hemos besado, de aquellas a las que les hemos hecho el amor. Siempre exageramos la nota: si nos venimos una vez, decimos que fueron tres; si no nos pudimos venir decimos que por hueva lo hicimos una sola vez. Nos manchamos describiendo el cuerpo de las chavas: que si tiene un lunar en la nalga izquierda, que si hicimos trenzas con sus pelitos, que si tiene los pezones color de rosa… Mentira, la mayoría de las veces no tenemos ni la menor idea porque la chava no se desnudó, porque no nos dio chance de mirarla, porque apagó la luz.
Las chavas son jefas, pero la mayoría se friquea si se trata de fajar. Quieren amar a huevo, o ser amadas, que para el caso es lo mismo. Hasta un beso les cuesta trabajo dar si en cambio no hay eso que llaman amor. Las consecuencias de este acto son terribles, porque los hombres somos unos pinches hipócritas, incapaces de ser fieles o de mostrar el menor respeto por aquella mujer que deposita su confianza en nosotros. Así fuimos educados, y así lo seguiremos siendo. Por eso la chava debe ser capaz de fajar, de descubrir, de darle nombre a ese cuerpo que toca, independientemente de si está enamorada o no. Debe sentir en carne propia sólo por el hecho de sentir. Que es maravilloso. Es una súper neta, del tamaño del mundo.
Y en la misma medida debe ser capaz de gozar lo que su cuerpo le exige. Sin prejuicios, sin miedos. Sólo por el hecho de que un chavo le gusta y de que le encantaría llevárselo a la cama. Estamos hablando de una chava que sabe cuidarse, que conoce su cuerpo, o que está aprendiendo a conocerlo, y que sabe que tiene el mismo derecho que un hombre para satisfacerse sexualmente. Estamos hablando de una chava que siempre trae un condón en la bolsa, que no está dispuesta a embarazarse a lo bestia y menos a contraer un puto sida. Estamos hablando de una mujer que acepta la seducción porque también seduce, que trata a un hombre con dulzura porque así le gusta ser tratada. Que no se aprovecha de su condición de mujer para humillar a un hombre. Estamos hablando de una mujer que es capaz de entregarse a los juegos del amor aun sin amar a su pareja.
Quién sabe si exista esa mujer.
*Tomado de la revista La Mosca en la pared, Número 43, diciembre de 2000
¿¡¡¡Vamos a fajar sin amar!!!?, ¡¿ya no importa si el mundo se acaba?!, hahaha. Y todo es verdad, y tanto es mentira... Saludos encerealados.
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